Vender la nuda propiedad permite obtener liquidez sin dejar la vivienda. Te explicamos cómo funciona y qué vigilar.
Herencias · Actualizado en octubre de 2026 · 5 min de lectura
La propiedad de una vivienda puede dividirse en dos derechos: la nuda propiedad (ser dueño) y el usufructo (usar y disfrutar). Se separan a menudo en herencias y en ventas de nuda propiedad.
Un propietario mayor puede vender la nuda propiedad y conservar el usufructo vitalicio: obtiene liquidez y sigue viviendo en la casa. El comprador adquiere la plena propiedad al fallecer el usufructuario.
El valor del usufructo depende de la edad del usufructuario (a mayor edad, menor valor del usufructo). Esto afecta al precio y a los impuestos (ITP o Sucesiones). Conviene calcularlo bien.
Es vender la propiedad conservando el derecho a usar y vivir en la casa (usufructo). El comprador obtiene la plena propiedad cuando fallece el usufructuario.
Depende de la edad del usufructuario: cuanto mayor es, menor es el valor del usufructo y mayor el de la nuda propiedad. Es clave para el precio y los impuestos.
El usufructuario usa y disfruta el inmueble, puede vivir en él o alquilarlo; el nudo propietario es dueño pero sin uso hasta que se extingue el usufructo, normalmente al fallecer el usufructuario.
Puede ser una inversión: se compra por debajo del valor pleno y, al extinguirse el usufructo, se consolida la propiedad completa sin pagar más. Hay que valorar la edad del usufructuario y los riesgos.
Por regla general, el usufructuario asume los gastos ordinarios y suministros, y el nudo propietario las reparaciones extraordinarias. Conviene pactarlo con claridad.
Revisamos la operación, la valoración del usufructo y su fiscalidad para que sea segura.